De sutilezas y seriedad historiográfica: El primer edificio moderno en México.
Veo publicada, en la versión digital de una revista de divulgación que aprecio1, la historia de la Casa-estudio de Diego y Frida en Altavista. Quién la construyó, quién la visitaba, y cómo transcurrían los días en la famosa primera edificación funcionalista que se diseñó en México. Con la salvedad de que ésta no es estrictamente la primera casa que construyera Juan O’Gorman en su etapa funcionalista sino la que se ubica al lado, vamos bien.
Y ahí leo:
“La diferencia entre un arquitecto tecnócrata y uno académico es muy clara. El tecnócrata ayuda a las mayorías, los académicos a las minorías”.
Según el artículo —que está muy entretenido y escrito con lenguaje fluido— éstas son palabras de mi padrino. Extraño. O sea, según el texto que no está firmado, Juan lo dijo así quién sabe cuándo y con certeza previo a que el término “tecnócrata” formara parte de la narrativa nacional.
Pero ya dí con la cita correcta. En los debates del 33, Juan O’Gorman expresó: «A la arquitectura que unos llaman funcional o racional y otros alemana, sueca, internacional o moderna, la llamaremos arquitectura técnica. […] La diferencia entre un arquitecto técnico y un arquitecto académico o artístico, será perfectamente clara. El técnico es útil a la mayoría, y el académico, útil a la minoría».2
Mencionada esta sutileza en torno a una de las intervenciones que hiciera mi padrino en esos acalorados debates de los arquitectos mexicanos en el año 1933, yo quiero decir que a mí el trabajo serio de investigación sobre la arquitectura moderna en México, el académico, me parece fundamental y de apasionante lectura.
De manera que he de admitir que esta capsulita introductoria es más bien un pretexto para recomendar la reciente publicación, bajo el sello de Arquine, del título de Juan Manuel Heredia El primer edificio moderno en México. Las casas gemelas de Paul Artaria y Hans Schmidt.
El libro documenta las casas gemelas diseñadas en Suiza para las familias Zollinger y Behn-Eschenburg en la colonia Del Valle, zona en la que con predilección se asentaban los suizos en nuestra ciudad.
A pesar de que no existe indicio de que los autores del proyecto hubiesen viajado a México y conocido el terreno, seguramente entre ellos y los clientes la información fluía. Supieron de la importancia de la vista al Sur, con dirección al Ajusco. Este es un aspecto central del sitio y del paisaje, tomado bien en cuenta, pues las casas se orientaban, se abrían de manera franca con grandes ventanas y verandas, mirando en esa dirección y hacia el jardín mayor. Los espacios abiertos, como la terraza, fueron proyectados para disfrutar del magnífico clima de la Ciudad, tan valorado por los europeos.
Los autores no eran unos desconocidos, formaban parte de la vanguardia arquitectónica en Suiza, precisamente donde nació el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM). En una foto de ese primer congreso en el Castillo de La Sarraz3, Schmidt y Artaria figuran arriba y al centro de la imagen, justo atrás de Le Corbusier.
En archivos4 obran los dibujos de las casas gemelas fechados en el año 1929 y es factible, señala Heredia, que su construcción haya dado inicio en los últimos meses del mismo año, o bien, a principios de 1930. En este sentido, el autor del libro señala que él “refuerza pero matiza” la tesis de Cristina López Uribe5, quien descubrió la firma de mi padrino y consignado el año 1931 en la fachada de la casa O’Gorman.
Las casas Zollinger y Behn-Eschenburg se plantean en este libro como la primera edificación moderna construida en México. No tanto porque su construcción anteceda con un año a la casa O’Gorman —como sostiene Cristina— sino entendiendo esta modernidad más como un “hecho” que como una propuesta en sumo creativa, un manifiesto, posibilidad o experimento de vanguardia.
Rodeadas de enorme jardín, las casas gemelas sufrieron algunas alteraciones a lo largo de sus poco más de tres décadas de existencia. Habitadas por las mismas familias durante todos estos años, pasaron a ser final y tristemente demolidas para que, en este espacio de Gabriel Mancera, esq. con San Borja, surgiera la Clínica 28 del IMSS. Los registros existentes comprueban para Heredia que dichas moradas —que conocí— fueron más que adecuadas para estas dos parejas de inmigrantes europeos asimilados a la ciudad y al país y, en esa medida, partícipes de su historia.
Estamos pues ante la más reciente publicación de un investigador riguroso que, sin duda, causará polémica.
Notas:
- “México Desconocido”, dic. 2017. El artículo sí hace mención de que la primera casa funcionalista de O’Gorman fue la que construyó para (supuestamente) su padre.
- Dussel Peters, S. 1995. Max Cetto, 1903-1980: Arquitecto mexicano-alemán, Universidad Autónoma Metropolitana-Azc, México, p.121
- Heredia, J.M. 2020. El primer edificio moderno en México. Las casas gemelas de Paul Artaria y Hans Schmidt, Arquine, México, p.23
- En resguardo, como indica Heredia, en el Archivo de Hans Schmidt del Instituto Federal Tecnológico de Zürich (ETH)
- López Uribe, C. 2015. “Las firmas de las primeras casas funcionalistas de Juan O’Gorman”, revista Bitácora, México, pp.132-7. A la vista de su descubrimiento, la investigadora sostiene que “ahora, a la distancia, no hay duda de que las primeras casas funcionalistas en México son las de los arquitectos Hans Schmidt y Paul Artaria en la colonia Del Valle, de 1929.”
Este artículo fue realizado gracias al Sistema de apoyos a la creación y a proyectos culturales (Fonca), a través del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales, emisión 35-2019.
Jesús Tovar
junio 22, 2022 @ 7:53 pm
Que interesante lo que comentas en tu texto. Yo empezaría por definir «modernidad» que para mí es un concepto no del todo «claro». Por supuesto que tiene mucho valor ser el primero pero también es líder y valioso el que hace «lo mejor». En ese sentido después de esta casa vinieron muchas más de valor como las de tu padre. La buena Arquitectura para mí es la que está en constante búsqueda como la de aquella época, la que no hace tanto ruido, la que no es estridente. Hoy desgraciadamente vivimos en la época de lo ostentoso, de lo torcido, de lo espectacular muy alejado de aquella modernidad. Yo tengo corazón de viejo y me quedo con la obra bien hecha, atemporal como la del Pedregal en su época dorada. Pero la vida sigue adelante y podemos mejorar nuestra Arquitectura en México siempre apoyados en estas leyendas. Hoy la Arquitectura de calidad debería de ser omnipresente en nuestras ciudades. Deberíamos aspirar a ser mejores arquitectos porque contamos con múltiples herramientas. La velocidad nos mata, algunos son arquitectos de «microondas» cuando la obra de valor se hace a fuego lento. Cuando entendamos esto volveremos a emular estos grandes arquitectos (europeos o no) sino de todas las latitudes. Encontramos incluso mejor «Arquitectura» en muchos de nuestros pueblos. Cultura-Arquitectura-Historia todo en uno y al mismo tiempo. Debemos de vencer la pereza para pensar que nos invade y sentarnos a reflexionar más. La filosofía detrás de la obra Arquitectónica también debe ser retomada. Por eso en Arquitectura no hay viejos ni nuevos, hay trascendentes e intrascendentes. Tu padre, tu padrino y todos estoy pioneros forman parte del primer grupo…
Bettina Cetto
julio 12, 2022 @ 7:43 pm
Yo estoy súperapenada y a la vez bien triste porque perdí una respetable cantidad de comentarios que había recibido a mis diversas publicaciones en el blog. Ello se debió a que ocurrió una invasión de spam, hablo de decenas de miles. Al darme a la tarea de borrarlos, por error e impaciencia los borré todos, incluidos algunos comentarios verdaderamente especiales. Ahora sí —caído el niño al pozo, lo tapé— tengo instalado un filtro para evitar que este desaguisado vuelva a ocurrir.
Gracias por su comprensión y ojalá se animen a dejarme sus líneas de nueva cuenta. En verdad es algo que aprecio mucho.