El Pedregal

Imagine que hace 80 años no existía la Ciudad Universitaria, como tampoco una sola casa en esta zona residencial moderna y famosa que con su nombre largo y original se conoce como Jardines del Pedregal de San Ángel, en el Sur de la Ciudad de México.


La historia del Pedregal inicia cuando, hacia el año 300 a.C., en la sierra del Ajusco hizo erupción el volcán Xitle. La lava corrió por diversas fracturas y se extendió sobre un área de aproximadamente 80 kilómetros desde la cima del ahora inactivo volcán a 3100 msnm hasta las faldas de la sierra.
Con el paso del tiempo las cenizas se disiparon, la lava se enfrío, dejando un extraño y desolado paisaje de caprichosas formas. Llegaron entonces numerosas diásporas, llevadas por el aire y el agua, acarreadas por aves y otros animalitos. Gradualmente el Pedregal se vio habitado por diversidad de especies como sitio de encuentro y hoy de refugio. Por su variado origen las asociaciones que aquí se establecieron son únicas en el mundo.

Joaquín Claussel, El Pedregal (sin fecha), óleo sobre tela, MUNAL, catálogo de exposición.

José Clemente Orozco, Pedregal (1947), Óleo sobre tela, Acervo Museo de Arte Carrillo Gil.


Desde inicios de los años cuarenta, Cetto describe la belleza de ese territorio agreste en cartas a su hermana Ana María. Datadas en 1942, le relata ahí sobre sus paseos predilectos con Catarina, refiriéndose a la belleza del ocaso visto desde el Pedregal.

Max Cetto, Cantera de San Jerónimo (1942), Gouache sobre papel, Col. Bettina Cetto,


El Dr. Atl —por lo que podemos apreciar en sus pinturas— es también un admirador de estos parajes.

Dr. Atl, Pedregal de San Ángel (1946), óleo sobre cartón, Col. Andrés Blaisten-

Y no se diga Diego Rivera, quien no sólo vio en el Pedregal el potencial para ser habitado, sino incluso redactó en 1945 un texto intitulado “Requisitos para la organización de El Pedregal”, en el que destacaba las ventajas de su clima, geología y belleza natural. Su visión y entusiasmo debieron ejercer alguna influencia sobre Luis Barragán.


En un fascinante artículo que publicó mi padre en 1954 para el público alemán que leería esta revista de arquitectura de la cual Cetto era corresponsal, refiere que el Pedregal era un territorio inexplorado que no había tenido pobladores durante 3,000 años. Y explica que Luis Barragán, en su fascinación y osadía, visualizó este paraje de lava y flora silvestre convertido en espléndidos y enormes jardines privados entre las rocas, con casas que satisficieran el espíritu.


Barragán se asoció con José Alberto Bustamante para crear el fraccionamiento Jardines del Pedregal de San Ángel. Diseñó y desarrolló espectaculares “jardines muestra” con la intención de cautivar a los posibles compradores mostrando el enorme potencial de estos terrenos situados sobre la lava del Xitle.

Luis Barragán, Jardín muestra. Crédito de foto: Armando Salas Portugal, en Cetto, Max, Modern Architecture in México (1961), P.176.

Al principio, no era cosa fácil convencer a nadie de mudarse a convivir entre serpientes venenosas, pero bueno, la idea era hacer evidente el carácter expresivo, poético, y de calidad de vida que el sitio ofrecía. A su vez, la confianza que deposita en Max Cetto es tal, que le encarga proyectar y construir dos “casas muestra” sobre la Avenida de las Fuentes, en los lotes 10 y 12 (hoy 130 y 140).


Cerca de estas casas se encuentra el acceso a Jardines del Pedregal, que originalmente lucía una gran reja color naranja, y una bellísima fuente –enmarcada por muros de piedra volcánica de diversas alturas, con un chorro de agua que se disparaba en vertical– ambas diseñadas por Barragán.

Luis Barragán, Fuente en la entrada al Fraccionamiento. Crédito de foto: Armando Salas Portugal, en Cetto, Max, Modern Architecture in México (1961), P.177.

A mano izquierda, el animal del Pedregal de Mathias Goeritz, mitad serpiente, mitad lagartija, que buscaba representar la fauna característica del entorno. y que por fortuna todavía existe, aunque acompañado de varias esculturas que no le hacen justicia y poco tienen que ver con los recuerdos que guardo de los inicios de este espectacular fraccionamiento.

Mathias Goeritz, El animal del Pedregal (1952), Crédito de foto: Armando Salas Portugal, en: Cetto, Max, Modern Architecture in Mexico (1961), P. 176.